Llevo una vida anodina, sin mayor particular. Dentro y fuera de casa las imágenes son grises en todas sus intensidades.
Sólo cuando me subo a mi moto la vida adquiere algo de color. Con ella me desplazo por la ciudad como si fuera en el mismo Pegaso. Adelanto, paro, miro, nadie parece percatarse de mi presencia pero yo los veo, los observo detenidamente y pienso "qué pena que no tengan una moto para poder vivir al menos unos minutos al día".
